sábado, 7 de agosto de 2010

Los Bóxers, una milicia contra los imperios

Tras perder las dos Guerras del Opio, los chinos intentaron echar de su país a los extranjeros. El tráfico de drogas no siempre fue ilegal o mal visto por las grandes potencias europeas. Países como Reino Unido y Francia entraron en guerra para defender su derecho a comerciar con estupefacientes. Británicos y franceses querían fumar opio con tranquilidad y ganar mucho dinero con ello desde sus puertos de China. Tras las dos Guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860), perdidas por las autoridades de Pekín, la sociedad secreta Yi Ho Tuan (Los Puños Justos y Armoniosos, en chino) adoptó la violencia para echar del país a los extranjeros. Los británicos llamaban a esos milicianos Bóxers, en referencia al ritual de arte marcial que practicaban antes de los combates.

Los Bóxers eran xenófobos y anticristianos. Eran un grupo de nacionalistas radicales que se rebelaron contra los intereses de las grandes potencias de la época. Esta es la versión de los europeos, mientras Pekín habla de un movimiento nacional patriótico que se levantó contra las fuerzas explotadoras. Porque la China de finales del siglo XIX era un país sometido a los deseos de Londres, París, Londres, Tokio y Moscú, que veían en la inmensidad del territorio chino la oportunidad para expandirse y comerciar en Asia. Es más: cuando terminaron los conflictos del opio, China tuvo que pagar compensaciones millonarias y dejar partes de su territorio, como Hong Kong, literalmente donado a los británicos.

Fue en un contexto de humillación que se formaron los Bóxers, grupo decidido a devolver China a los chinos. Sus miembros eran gente de la clase popular, obreros, artesanos, campesinos, que primero vieron en la llegada de misioneros cristianos una amenaza a su cultura. En noviembre de 1897, cuando dos religiosos alemanes fueron asesinados, Berlín se apoderó del puerto de Qingdao, al norte del país. Las milicias se organizaron y salieron de la clandestinidad en marzo de 1898; se manifestaban con esos eslóganes: "Derrumbemos a los Qing. Destruyamos a los extranjeros".

Los Qing era la dinastía que mandaba en la Ciudad Prohibida de Pekín. Bajo la influencia de intelectuales japoneses, el emperador Guangxu lanzó una época de reforma y de modernización, lo que no gustaba a los Bóxers. La secta fue ilegalizada en un primer momento, aunque para la emperatriz Tzu Hsi, la tía de Guangxu, la mujer que en realidad dirigía el país, había que reforzar la monarquía. Se alió con los militares para derrocar a Guangxu, lo encerró en el Palacio Imperial y respaldó las matanzas de cristianos y de extranjeros por los Bóxers, que llegaron en masa a Pekín. Eran casi 100.000 en todo el país.

Los Bóxers saboteaban los ferrocarriles y cortaban las líneas telegráficas. Atacaban las delegaciones extranjeras y el embajador alemán en China, Klemens Von Kettelet, fue asesinado. En junio de 1900, las potencias europeas formaron una alianza para defender sus intereses: más de 50.000 soldados fueron enviados con el objetivo de marchar sobre Pekín y acabar con todos los miembros de la secta.

Cuando llegaron a la capital china, los europeos ocuparon la Ciudad Prohibida y forzaron a Tzu Hsi a huir. La población civil fue duramente reprimida y muchos occidentales fueron acusados de saqueos y violaciones. Los Bóxers asesinaron a unos 30.000 chinos conversos y a un centenar de militares extranjeros. Los acuerdos de paz del 7 de septiembre de 1901 acabaron con el conflicto, aunque participaron en el fin, en 1911, del imperio chino.

Guillaume Fourmont: Los Bóxers, una milicia contra los imperios, Público, 6 de agosto de 2010

viernes, 6 de agosto de 2010

Sobibor, la victoria contra el horror nazi

Vista del campo de Sobibor, en el que se situó un montículo de cenizas humanas, en 2003. AP Uno de los 600 asesinados a finales de junio tenía una nota entre la ropa. "Hemos trabajado un año en Belzec. No sé dónde nos llevan. Dicen que a Alemania. En los vagones de carga hay mesas de comedor. Nos dieron pan durante tres días, latas y licores. Si todo resulta mentira, entonces sabed que os espera la muerte a vosotros también". Los internos de Sobibor, en Polonia, comprendieron por qué había bajado la frecuencia de los traslados, por qué ya no llegaban trenes desde Holanda. Era el verano de 1943.

Un grupúsculo clandestino liderado por Leon Feldhendler trazó los primeros planes, a pesar de las represalias: diez muertos por cada uno que intentaba fugarse. La llegada de unos ochenta prisioneros de guerra que habían combatido con el ejército soviético, y que se libraron de las cámaras de gas a donde condujeron a los otros casi 2000 que los acompañaron desde Minsk, Ucrania, elevó la moral de los internos. El antiguo teniente del Ejército Rojo que iba a dirigir la revuelta llegó con ellos: Alexander Perchorsky.

Junto a Perchorsky y Feldhendler, tres prisioneros de guerra de Minsk y cuatro artesanos polacos formaban la célula encargada de desencadenarla. Las lluvias hundieron los túneles del plan inicial. Por lo que Perchosky activó el plan alternativo y su ejecución, aprovechando que las autoridades del campo les permitieron reunirse en los barracones de las mujeres, durante la víspera del Yom Kipur. Pero una inspección inesperada de los nazis obligó a retrasar la acción, de tres fases, un día más.

El 14 de Octubre de 1943, entre las cuatro y las cuatro y media de la tarde, los trabajadores de los talleres mataron a 11 SS. El teléfono y las líneas eléctricas fueron cortadas y los vehículos inmovilizados. Sobre las cinco menos cuarto, dos capos que colaboraban en la revuelta llamaron a formar a los internos, que empezaron a sentir que algo estaba en marcha. Los prisioneros de guerra y los conjurados se situaron en las filas delanteras.

Un camionero alemán vio al entrar en el campo a uno de los guardias de las SS muerto en el suelo y disparó contra uno de los internos que se escondía entre los barracones. Los guardias ucranianos, al entender lo que estaba ocurriendo, abrieron fuego. Perchorsky decidió no esperar a que se hubieran reunido todos los internos y activó la fase dos. Los que portaban armas respondieron al fuego ucraniano. No todos los que consiguieron romper las vallas y salir campo a través, lograron escapar: los primeros murieron o cayeron heridos por las explosiones de las minas. Los siguientes huyeron saltando por encima de los cuerpos.

De los 600 prisioneros que había en el campo de Sobibor (donde más de medio millón de judíos habían sido exterminados entre 1942 y 1943) el día de la insurrección, 300 lograron huir. Durante las batidas que los nazis desplegaron organizaron a continuación, otros 100 internos fueron capturados o cayeron por disparos de los nazis.

"Fue una gran victoria por parte de los insurgentes que 200 de ellos consiguieran escapar", cuenta Yitzhak Arad, él mismo partisano soviético durante la II Guerra Mundial, que reconstruye la revuelta a partir de numerosos testimonios de supervivientes. Algunos murieron víctimas de las enfermedades, otros combatiendo con los partisanos. "Se calcula que sólo 50 de los escapados sobrevivieron hasta el día de la liberación", según Arad.

Braulio García Jaén: Sobibor, la victoria contra el horror nazi, Público, 5 de agosto de 2010

jueves, 5 de agosto de 2010

Wollstonecraft, la primera feminista

Simone de Beauvoir revolucionó el estatuto de la mujer en 1949 con El segundo sexo. "La mujer no nace, se hace", según la filósofa. La idea, una auténtica bomba en la conservadora sociedad de los años cincuenta, no era sin embargo nueva. Más de un siglo antes de que la compañera de Jean-Paul Sartre denunciara una educación que privilegiaba al hombre y reivindicara la libertad de la mujer, otra madre del feminismo se levantó contra las prohibiciones: la británica Mary Wollstonecraft, también madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein.

Cuando Mary Wollstonecraft llegó en diciembre de 1792 a la Francia revolucionaria, tenía 33 años y llevaba en la maleta Vindicación de los derechos de la mujer, un texto que declaraba que las mujeres eran "estúpidas", "superficiales" y "unos juguetes". Su tono denunciaba la situación de la mujer en el siglo XVIII. El problema era la educación, que "nos hace más artificiales y débiles de carácter de lo que de otra forma podrían haber sido". Según Wollstonecraft, el Estado debe permitir a las mujeres "practicar la medicina, llevar una granja, dirigir una tienda, vivir de su propio trabajo". Francia, que en 1793 mandó a la guillotina a Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, vivía momentos peligrosos y Wollstonecraft regresó a su país natal.

Wollstonecraft nació el 27 de abril de 1759 en Spitalfields, cerca de Londres. Las malas gestiones financieras de un padre violento la obligaron a responsabilizarse por sus dos hermanas, Everina y Eliza. Y a probar con ellas sus ideas feministas: Mary convenció a Eliza que abandonara a su marido y a su bebé, y huir. Mary rechazaba las normas sociales de la época y se oponía al matrimonio.

"Se han deformado en mí ciertas románticas de amistad Soy un poco peculiar en mi entendimiento del amor y de la amistad", escribe Wollstonecraft con cierta ambigüedad a su amiga Jane Arden. Antes de conocer a cualquier hombre, la ensayista dedica más tiempo y fidelidad a sus amistades femininas: fue hasta Lisboa para cuidar de su amiga Fanny Blood. Era 1785 y Mary sabía que debía dedicarse a trabajar para convertirse en "la primera de un nuevo género", según sus propias palabras.

Wollstonecraft escribía ensayos, novelas, todo lo que le permitía cuestionar las normas de su época y reflexionar sobre el futuro. Hablaba inglés, francés y alemán; era traductora, se relacionaba con los principales pensadores de la época. Y llegó a Francia después de la Revolución para llevar a cabo sus ideas. Pero París también era la ciudad del amor y, aunque fuera un lugar común, Mary se enamoró en la capital francesa. De un anarquista americano, Gilbert Imlay, quien se negó a casarse con ella. Cuando nació su hija Fanny,Mary intentó suicidarse.

"Sólo tengo que lamentar que, cuando la amargura de la muerte había pasado, fui inhumanamente traída de vuelta a la vida y la miseria. Pero tengo la firme determinación de que esa decepción no me desconcierte; no dejaré que lo que fue uno de los actos más calmados de mi razón quede como un intento desesperado", escribió tras regresar a Londres. Mary, que siempre había criticado el rol de la mujer como simple educadora de niños, murió el 10 de septiembre de 1797, a los 38 años, diez días después de dar a luz a su segunda hija, Mary. También se había casado con William Godwin, el hombre que publicó las memorias de la primera pensadora feminista de la Historia.

Guillaume Fourmont: Wollstonecraft, la primera feminista, Público, 4 de agosto de 2010

miércoles, 4 de agosto de 2010

Se edita una obra del reputado autor Alan Furst llena de errores sobre la Guerra Civil

Cuartel general del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) en Barcelona. Al fondo sobresale la cabeza del escritor George Orwell.-Seix Barral ha hallado un filón con las vibrantes novelas del neoyorquino Alan Furst. Esos relatos del mundo del espionaje antes de (y durante) la II Guerra Mundial son adictivos: retratan unos enfrentamientos desconocidos, fuera de las grandes batallas y las figuras históricas. Comenzando en 2006, con El corresponsal, la editorial barcelonesa ha sacado una obra de Furst por año, con buenas ventas y críticas entusiastas.

Sin embargo, Seix Barral ignoró hasta ahora la novela inaugural, la que bautizó a la serie: Night soldiers, publicada originalmente en 1988. Allí debutan algunos de los secundarios que animarán la saga: agentes soviéticos como Ilya Goldman y el coronel Vassily Antipin, o luminarias de la bohemia dorada de entreguerras. También conocemos la Brasserie Heiniger, restaurante parisiense que contemplará conspiraciones y atentados.

Puede extrañar que el inicio de la serie se traduzca ahora, tras otros cuatro títulos. Pero se entienden las precauciones: resulta que Soldados de la noche se le puede atragantar a cualquier lector español medianamente culto. Parte del libro transcurre durante la segunda mitad de 1936, en nuestra Guerra Civil, y revela que el autor tiene vagas ideas de aquel conflicto y los partidos políticos que se enfrentaron.

Furst identifica a UGT con el Partido Comunista. Insiste en que el POUM era anarquista. Las ideologías no son su especialidad: el nombre -Partido Obrero de Unificación Marxista- ya explica que se trataba de una organización comunista. Más aún, de tendencia trotskista, destinataria por lo tanto de la furia asesina de Stalin.

Alan Furst, en la Semana Negra de Gijón.- PACO PAREDESLos traductores de Soldados de la noche han eliminado muchas de las embarazosas descripciones del POUM como anarquista. En el original, un enviado de la embajada soviética llega a la sierra de Guadarrama, a exigir la ejecución de cuatro guerrilleros del POUM. El jefe de la partida recela, pero el funcionario le asegura que "no hay dudas, tenemos copias de las listas de afiliados, sacadas de las oficinas de Durruti". Cuesta evitar una carcajada triste: ¿Buenaventura Durruti? ¿Oficinas? ¿Con listados de miembros del POUM?

Es cierto que el POUM luchó al lado de los anarcosindicalistas en Barcelona, durante los hechos de mayo. Bien lo sabía George Orwell, testigo directo, que estuvo en busca y captura. Orwell vivió para contarlo, a diferencia de algunos dirigentes del POUM: Andreu Nin fue detenido y posteriormente secuestrado, torturado y asesinado por el todopoderoso NKVD (Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos) y sus colaboradores del PCE. Pero todos esos horrores ocurrirían en 1937.

En el territorio literario de Furst se ensalza a los polacos y húngaros, patriotas conscientes de que deben derrotar al nazismo y, a continuación, resistir el abrazo del oso soviético. Aparecen pocos españoles y suelen ser crueles, toscos, valientes. Uno puede aceptar esos tópicos. Uno disculpa las abundantes frases en castellano horrible (corregidas por los traductores). Lo espeluzante de Soldados de la noche es que Furst ni siquiera estudió los mapas.

Insiste en que la base operativa del NKDV en Tarragona es la que lleva la lucha contra la quinta columna en Madrid.... a 500 kilómetros de distancia. Furst lo ignora todo sobre la situación bélica en 1936. Parece pensar que los sublevados franquistas solo dominaban el sur de España. Así, cuando el protagonista de Soldados de la noche y sus amigos internacionalistas huyen de Madrid, avisados de que son objetivo del NKDV, viajan por carretera hasta Bilbao y paran en Burgos a repostar gasolina. ¿Burgos con la República? ¡Paren las máquinas!

No terminan ahí los disparates. Llegado a Bilbao, el protagonista de Soldados de la noche cruza clandestinamente la frontera francesa y se entrega a las autoridades. Misteriosamente, le llevan ¡a Perpiñán! Según Furst, a finales de 1936 ya funcionan allí los campos de internamiento para combatientes republicanos, vigilados por tropas senegalesas. Con todo, Soldados de la noche ofrece una lectura apasionante. Pero uno se pregunta si las aventuras de sus héroes por los Vosgos o los Balcanes están mejor documentadas que el tramo español.

Diego A. Manrique, Madrid: Y el POUM era... ¿anarquista?, EL PAÍS, 4 de agosto de 2010

Momias

La arqueología es una de las herramientas para estudiar las revoluciones y cómo estas dejaron los campos de batalla, pero hoy la vive en sus propios dogmas. La creciente unión con diversas disciplinas, especialmente las médicas, está permitiendo a esta rama de la historia desempolvarse de los tópicos que la salpican y situarse casi sorprendentemente en plena contemporaneidad.

No se trata únicamente de que haya presentado algunos resultados brillantes en los últimos tiempos, sino que ha comenzado a atraer a su causa a fuerzas diversas y de manera imaginativa: ¿habría sido mejor ignorar que Tutankamón padecía una necrosis ósea vascular y tan graves daños en algunos metatarsos que debía caminar con bastones? ¿No habría sido mejor conservar la áurea imagen legendaria que Howard Carter extrajo del polvo del valle de los Reyes en 1922, un joven bañado en oro y pompa? Sin duda la imagen del faraón ha perdido romanticismo, pero es más real. Más científica.

Eso le está pasando al arqueólogo: sin abandonar el subsuelo, transita hacia el laboratorio. Las fuentes del arqueólogo han sido tradicionalmente las escritas y el trabajo de campo, pero a ellos se van sumando cada vez más patólogos, forenses, antropólogos, biólogos, genetistas, polinólogos, matemáticos, bacteriólogos, micólogos, informáticos, químicos... La unión de fuerzas no es nueva, pero sí que está ganando peso en los últimos meses, con algunos episodios que le han dado mediática notoriedad. "No es que la ciencia acabe de aparecer, sino que se la acaba de invitar", sitúa el egiptólogo José Miguel Parra, autor del apasionante Momias (Editorial Crítica).

Si en febrero se presentaba en El Cairo –y simultáneamente se publicaba en el Journal of American Medical Association– un estudio sobre el ADN del famoso faraón, en marzo se presentaba en Barcelona un estudio anatómico de la Dama de Kemet y desde julio de 2009 se está desarrollando el estudio más ambicioso en Europa –por lo multidisciplinar del planteamiento– sobre los reyes medievales catalanes. Lo coordina el Museu d'Història de Catalunya y consiste en el análisis más exhaustivo nunca planteado del rey Pere II El Gran (o Pedro III de Aragón), enterrado en el monasterio de Santes Creus y única tumba real del continente nunca profanada. A partir de ella se espera obtener no sólo su ADN, sino el de su padre Jaume I (inhumado en el monasterio de Poblet), separar los restos de su hijo Jaume II y su esposa, Blanca d'Anjou, y determinar si los restos de la Seu Vella de Lleida pertenecen al hijo de este, Alfons III, y a partir de ahí quién es quién en los amasijos de huesos dispersos por diversos monumentos...

"No nos ponemos ningún límite", plantea Assumpció Malgosa, antropóloga y directora del Grup de Recerca en Osteobiografia (GROB), de la Universitat Autònoma de Barcelona, que colabora en este proyecto y dirige diversas investigaciones con restos humanos antiguos. Entre ellos, los de la Cova d'Es Pas, en Menorca, donde en 2006 apare-cieron 66 individuos de la Edad del Bronce. 66 cadáveres de hace unos 3.000 años, enterrados en una cueva en un acantilado sobre el mar, momificados por causas naturales, por la salinidad del lugar: ha quedado cabello, músculos, tejidos. Con los medios actuales, una mina. "Un terreno en el que empezamos a avanzar es el de la histología de los tejidos", apunta Ignasi Galtés, antropólogo forense del Institut de Medicina Legal de Catalunya y también miembro del GROB. "Con el ADN en algunos casos puedes identificar enfermedades como la tuberculosis, ycon el análisis molecular se detecta el oncogén del cáncer de colon, por ejemplo". Información de obtención inimaginable hace pocos años. "El avance es dar a los datos un diagnóstico no médico", añade Malgosa. Con la apertura de fosas de la Guerra Civil que en los últimos años se ha venido realizando en España, arqueólogos, forenses y antropólogos se están acostumbrando a acudir juntos a la excavación.

Esa imposición de horizonte abierto es una de las claves de la nueva arqueología. No hay límites. Y un detalle capital: hay fondos. Muchos de los proyectos que fusionan medicina y arqueología tienen una razonable financiación, uno de los males endémicos de la disciplina: ¿qué gobierno se arriesga a invertir en excavar sin saber qué se va a encontrar? ¿A que los descubrimientos, por relevantes que sean para la Historia local, nacional o europea, se limiten a aparecer publicados en una revista especializada?

La Dama de Kemet pertenece al Museu Egipci desde 1998 y fue sometida en el hospital Quirón a un TAC (tomografía axial computarizada) helicoidal con el que se supo -sin abrirla- qué había dentro de aquel volumen embalsamado: una mujer de unos quince años, sana (sólo se detectó una caries, y un desgaste dental provocado por la arena que contenía la harina egipcia) y que probablemente murió al dar a luz. "Empleamos, muy mejoradas, las técnicas que se empezaron a aplicar en Boston hace quince años", explica el coordinador del proyecto y traumatólogo de Quirón Fèlix Escalas. La datación por Carbono 14, descubierta en 1949 por el premio Nobel Williard Libby, es otro de los hitos de la arqueología.

El estudio que hicieron a la Dama este año Quirón y el Egipci tiene dos gracias: que no era el primero y que esta vez se reconstruyó su cara. Desde 2004, cuando se le hizo el primer estudio médico, la precisión técnica radiológica creció de 1 a 64. Y esta vez se enviaron los resultados del TAC a la empresa norteamericana - nacida durante la guerra de Vietnam-que pone rostro a unos huesos: apareció exactamente la que venía pintada en el sarcófago, lo que viene a decir que cada sarcófago estaba personalizado y plantea el debate sobre el realismo en el arte funerario egipcio.

El propio GROB acaba de incorporar a su equipo a un especialista en reconstrucción facial -se hará la de Pere II-: "Es muy museográfico, pero es que somos conscientes de que hay una demanda social. Y creo que debemos un retorno a la sociedad", argumenta Malgosa.

El análisis genético de Tutankamón tenía detrás a Discovery Channel y al Council Supreme of Antiquities de Egipto, dirigido por el arqueólogo de formación estadounidense Zahi Hawass, que incorporó al proyecto a genetistas de diversas universidades europeas. "Alrededor de todos estos anuncios se ha montado una parafernalia enorme, es todo espectáculo", critica, irritado, el iniciador de la paleopatología en España -y autoridad mundial en la materia-Domènec Campillo, que accede a regañadientes a ser entrevistado. "El gran problema de Egipto es que está hipervalorado. No ahora, desde Napoleón", sentencia. Campillo se dedica desde finales de los 60 al estudio de huesos antiguos. "Las pruebas de ADN -contradice- no son taxativas. Es mucho más importante la radiología. El escáner sí que ha modificado la medicina, y por tanto la arqueología". Campillo considera que aunque las momias "fascinan a la gente" no son en sí mismas una gran fuente de datos porque muchas fueron profanadas. Campillo carga contra "otra falsedad: todo lo que está en inglés es bueno. ¡No!".

La investigación sobre la monarquía medieval catalana, por su lado, se ha beneficiado de una efeméride como el 850 aniversario de la consagración de Santes Creus, y el departamento de Cultura de la Generalitat quiso que el cumpleaños dejara más que unas velas humeantes. Decidió invertir en ese análisis global de la realeza de hace ocho siglos.

"El mayor mérito de esta investigación es que tiene una orientación arqueológica, porque eso nos ha permitido sumar muchas disciplinas donde ninguna predomina por encima de las demás. El criterio es 100% arqueológico e histórico. Sería muy diferente si tuviera una orientación exclusivamente médica", establece Marina Miquel, la arqueóloga que coordina el trabajo. "Inicialmente pensamos: ¿qué podremos llegar a saber? Y a partir de ahí hemos ido a buscar a los mejores de cada rama", añade Carme Subiranas, arqueóloga y medievalista del proyecto.

"Y cuando no sabíamos cómo actuar nos hemos inventado el sistema". A la momia de Blanca d"Anjou, por ejemplo, le hicieron un mapeado polinómico de texturas, 96 fotografías que, en sucesión, dan el relieve del cuerpo inerte, porque se la ilumina en cada una desde un punto distinto. Una esfera en una esquina de la imagen indica desde dónde salió el flash. Lo que nadie diría es que la esfera es... una bola de billar. "No sabes lo que nos costó encontrar una bola sin número", resopla Joan García, el hombre de los inventos en el equipo.

La tumba de Pere II fue abierta en marzo, pero hubo nueve meses de gestación previa. Cuatro documentalistas excavaron en todos los archivos donde pudiera aparecer alguna mención a la monarquía catalana para saber qué se podía esperar de la bañera de piedra egipcia y época romana donde descansa el rey desde 1302. Por ello, se analizó qué gases podían emerger del sepulcro; además de evitar riesgos, podían ofrecer muchos datos sobre la tafonomía de Pere II, cómo el cadáver se convirtió en esqueleto. Por un orificio se introdujo una sonda que analizó la atmósfera interior, antes de elevar la losa de piedra. El rey fue radiografiado dentro del sarcófago. Luego fue extraído, colocándolo sobre un molde de su propio cuerpo y, una vez fuera, se le hizo otra radiografía, para comprobar si el movimiento le había afectado; de allí, como un usuario más de la sanidad pública, fue al hospital Joan XXIII de Tarragona, donde se le practicó un TAC, que reconstruye volumétricamente los cuerpos y detecta los rasgos físicos y posibles patologías o anomalías óseas. Después viajó al Centre de Restauració de Béns Mobles, en Sant Cugat, donde tenía preparada una cámara a temperatura constante, y donde se han hecho minuciosos análisis. Los resultados estarán en septiembre.

Joan Santacana, arqueólogo y profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales en la Universitat de Barcelona, intercala un debate ético: ¿debe el arqueólogo actuar sobre un yacimiento que sabe que dará mayor rendimiento con la tecnología que habrá en el futuro? Para este profesor, la arqueología no debe buscar piezas, sino ideas. "La excavación es una idea del XIX. Es muy romántica, pero la verdadera excavación es la del crecimiento cultural". Para Santacana, por otro lado, la gran cantidad de información que hoy genera la arqueología obliga a un tratamiento computacional de los datos obtenidos, como el que se utiliza en la logística de mercancías. "La historia ha dejado de estar sólo en los relatos o textos escritos y ha pasado a necesitar todas las herramientas de la ciencia. Siempre se ha hecho análisis, pero ahora es sistemático por primera vez, con campos geográficos y temporales enormes, sin una guerra fría que nos impida acceder a nada, con el inglés globalizado, con analíticas mucho más precisas que a menudo nos obligan a cambiar hipótesis…". Santacana pone el ejemplo de análisis que se hacen a miles de huesos de oveja, buscando en qué momento de la historia se domestican. "¿Cómo compararíamos resultados sin aplicaciones matemáticas avanzadas? Esta clase de investigación nos marca la entrada en una nueva era".

Ignacio Orovio: Momias, La Vanguardia, 21 de julio de 2010

martes, 3 de agosto de 2010

Alesia, cuando César por fin venció a Astérix

El líder Vercingetórix entrega sus armas a César antes de acabar su vida en una cárcel romana. Todos nos sabemos la historia de memoria: "Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda Galia está ocupada por los romanos ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor". También sabemos que la poción mágica de Astérix nunca existió y César, uno de los mayores estrategas militares de la Historia, tomó Francia gracias a una victoria clave: Alesia, en el año 52 a.C., una batalla que acabó definitivamente con los cantos de Asurancetúrix.

El héroe de la época no era Astérix, sino Vercingetórix, el comandante de los ejércitos unidos de Galia. César quería conquistar todo un país, cuyos habitantes consideraba más terribles que los bárbaros. Francia no era entonces una tierra unida; las tribus gobernaban cada una por su lado y Roma quería aprovechar esta división. Frente a las fuerzas romanas, sin embargo, nació un sentimiento de unidad: César tenía que regresar a Italia. Tras siete años de conquista, el jefe romano cedió ante la fuerza gala y perdió en la batalla de Gergovia. Vercingetórix era un héroe.

Un héroe que no supo aprender de sus errores. Los romanos no dejaron de avanzar y, en agosto de 52 a.C., Vercingetórix se encerró, con 80.000 hombres listos para la última batalla, en otra ciudad fortaleza, Alesia.

Situada en una meseta en la actual Borgoña francesa, a unos 50 metros de altura, rodeada de valles y ríos, Alesia domina un amplio territorio. Los galos se creían invencibles. Curiosamente, César no hizo nada, no atacó y sólo llamó a unos 50.000 legionarios. Porque sabía algo importante: los galos sólo tenían víveres para un mes. En La guerra de las Galias, el líder romano narra cómo sus hombres levantaron dos líneas defensivas con muros de cuatro metros de alto y fortificaciones, trincheras con trampas como lengüetas de hierro con punta de arpón. Objetivo: impedir los ataques galos y, sobre todo, hacerlos morir de hambre.

En la fortaleza de Alesia, la vida cotidiana era cada vez más dura y, tras semanas de asedio, Vercingetórix no vislumbraba ni el principio de una batalla que no llegaba. El líder galo esperaba una tregua y obligó a mujeres y niños a salir de la ciudad, pensando que los romanos se encargarían de ellos. No abrieron sus filas y casi 10.000 personas murieron de hambre en tierra de nadie. El 20 de septiembre de 52 a.C., el rescate por fin llegó: 250.000 galos armados y 8.000 caballeros se lanzaron contra los romanos. César, de nuevo, no se asustó.

Su fuerza era, a pesar de la inferioridad numérica de su ejército, muy superior a la de los galos. Por primera vez en la Historia, se usaron catapultas y ballestas con mecanismo de torsión que alejan a los atacantes. Vercingetórix ordenó salir con todas las armas mientras su primo, Vercasivelono, se lanzaba frontalmente contra los legionarios. Una decisión de César fue clave en su victoria: ordenó atacar a la retaguardia gala (unos 60.000 hombres) con tan sólo 13.000 cohortes de caballería. Cundió el pánico en las filas galas, que empezaron a retirarse. Eran combates cuerpo a cuerpo, hasta la llegada de los germánicos, aliados de Roma.

Vercingetórix dejó las armas y dijo a César en latín: "Heme aquí, a un hombre fuerte venciste, hombre fortísimo". La victoria de César en Alesia no sólo permitió a la República de Roma ampliar sus territorios, sino que también dio al líder militar la fuerza y el aura para convertirse, en 44 a.C., en dictator perpetuus. El jefe galo había sido asesinado dos años antes en la cárcel.

Guillaume Fourmont: Alesia, cuando César por fin venció a Astérix, Público, 2 de agosto de 2010

lunes, 2 de agosto de 2010

El día que Sadam Hussein erró el tiro

El 2 de agosto de 1990 Irak invadía Kuwait bajo las órdenes de Sadam. Como respuesta, EE.UU. desplegó la operación «Tormenta del Desierto», la mayor coalición internacional de los tiempos modernos

Un tanque iraquí destrozado en Kuwait.

Madrugada del dos de agosto de 1990. Aviones iraquíes penetraban en el espacio aéreo de Kuwait. Catorce divisiones de infantería y tres acorazados atravesaron la frontera. En apenas unas horas, el país fue invadido por el vecino Irak. El Emir Al-Sabah huyó a Arabia Saudí. La operación fue fulminante, un éxito. Al día siguiente, nuestro país despertaba con la noticia. «Se enciende el golfo del petróleo», tituló ABC.

Portada de ABC del 3 de agosto de 1990

Habían pasado dos años desde la guerra entre Irán e Irak (1980-1988). Un conflicto largo que culminó sin vencedores ni vencidos. El Irak liderado por Sadam Hussein se quebraba a causa del desgaste de la guerra y las deudas. Kuwait empezó a presionar. Sadam le debía 65 billones de dólares, además del conflicto que ambos países sostenían por los pozos compartidos del campo de Rumaila. Nuestro periódico dio las claves en una información publicada el 3 de agosto de 1990: «El petróleo, detonante y origen de una vieja querella territorial». La tensión era creciente.

Sadam no tenía por qué temer las represalias extranjeras por la invasión de Kuwait. Tenía el apoyo de Occidente, sobre todo tras la instauración del régimen de Jomeini en Irán. Soñaba con acaudillar el golfo Pérsico y gestar un imperio petrolífero, pero erró el tiro. Estados Unidos se encontraba en un momento fundamental para redefinir su posición como superpotencia mientras la URSS se desmoronaba. El golfo de Persia era -y sigue siendo- un enclave energético básico. Así que George Bush padre puso en marcha la operación «Tormenta del Desierto» y desplegó la mayor coalición internacional de los tiempos modernos para expulsar a las tropas iraquíes de Kuwait.

Un soldado kuwaití se prepara para el combate. AFP

«La madre de todas las batallas»

Bajo el auspicio de la ONU, la coalición liderada por Estados Unidos logró reunir a 660.000 soldados de 34 países, contando con el apoyo de las principales potencias occidentales, de la URSS e incluso de varios países árabes como Marruecos, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Omán. El 16 de enero de 1991 comenzó la campaña militar de una ofensiva que Sadam bautizaría como «la madre de todas las batallas». En apenas 100 horas de batalla terrestre, las tropas internacionales llegaron a 150 kilómetros de Bagdad. El 22 de febrero Estados Unidos dio un ultimátum de retirada. Sadam no movió pieza. La respuesta a ese silencio fue contundente, de tal modo que en sólo unos días las fuerzas de la coalición liberaron por completo Kuwait. El 28 de febrero Irak reconoció la derrota. Al día siguiente ABC daba el último parte de guerra. La operación «Tormenta del Desierto» duró apenas 43 días. Nuestro corresponsal en Washington, Pedro Rodríguez, hizo balance: «Sadam ha llevado a la muerte a 100.000 iraquíes». Rodríguez señaló que, por el contrario, los muertos de Estados Unidos fueron «38 menos que los producidos en accidente en el puente de Navidad en España», es decir, 79.

Reunión de las fuerzas aliadas estadounidenses e iraquíes en la Guerra del Golfo.

Un gran plató de la CNN

La guerra del Golfo ha pasado a la historia como la primera «guerra de la información». Desde el punto de vista militar, la ofensiva aérea y electrónica fue todo un éxito. Desde el punto de vista informativo, también. El mundo siguió los combates minuto a minuto desde el salón de sus casas. La audiencia de la CNN subió como la espuma. Pero, como apuntó en su momento Pedro Rodríguez, «los televidentes han podido ver muy pocas imágenes de muerte real durante esta guerra. La guerra electrónica del siglo XXI y la censura militar han impedido conseguir documentos sobre las vidas humanas perdidas».

Quien no aprendió fue Sadam Hussein. El tiránico régimen que impuso en Irak se saldó con una nueva invasión liderada por Estados Unidos en 2003, esta vez bajo una coalición menos representativa. El 9 de abril de 2003, un tanque estadounidense derribó la enorme estatua de Saddam en la Plaza Al Fardus, situada en el centro de Bagdad. La cabeza de esa estatua se encuentra hoy en un museo kuwaití. El 30 de diciembre de 2006, el dictador iraquí fue ejecutado.

Una familia kurda huye del ejército iraquí

El ministerio de Defensa iraquí en llamas

María Candela, Madrid: El día que Sadam Hussein erró el tiro, ABC, 2 de agosto de 2010

domingo, 1 de agosto de 2010

Santos Juliá "Franco bloqueó todas las transformaciones que se habían iniciado a partir de 1910"

Santos Julia visto por Sciammarella- SCIAMMARELLAEl historiador analiza la España del siglo XX en 13 ensayos reunidos en Hoy no es ayer (Primeras páginas de 'Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX', Documento PDF, 67Kb)

En Hoy no es ayer (RBA), Santos Juliá (Ferrol, 1940) ha reunido 13 ensayos recientes que vuelven sobre la España del siglo XX y proponen una manera distinta de ver las cosas. Este no fue un país fracasado, condenado inevitablemente a partirse en dos en una guerra fratricida por no haber sabido resolver sus conflictos más agudos y al que no le quedó, por tanto, más remedio que soportar una larga dictadura, que destruyó de una manera feroz a sus enemigos en los primeros años de su andadura.

PREGUNTA. Así que la historia de la España del siglo XX no es anómala, como siempre se ha dicho.

RESPUESTA. La historia se hace siempre desde el presente. Y una cosa es lo que ven en el pasado los que padecieron una dictadura que excluyó a España del mundo y otra, muy diferente, lo que encuentran allí quienes vuelven atrás desde una democracia más o menos sólida. Fueron, sobre todo, una serie de historiadores económicos quienes, al volver a estudiar lo que pasó durante las primeras décadas del siglo, comprendieron que no todo había sido aquí un fracaso. Descubrieron que entonces había ya parlamentarios, una cultura floreciente, una clase media viajera, profesionales competentes. Y eso significa que la industria y la agricultura tenían por fuerza que haber cambiado.

P. ¿Cuáles fueron entonces las transformaciones fundamentales?

R. A partir de 1910, aproximadamente, se observa que las grandes ciudades prácticamente duplican sus habitantes. Eso significa que el campo se está transformando y ya no necesita tanta mano de obra y significa también que ha surgido una trama de empresas de distinto tamaño que ofrecen empleo a los que llegan de fuera.

P. Si las cosas se estaban transformando, ¿cuándo se produce la quiebra que rompe con el desarrollo?

R. Hay una tesis que ha tenido mucha fortuna, la de que España era una sociedad atrasada, que dependía por completo del campo y que carecía de clases medias. De esto se deduce que los conflictos terminarían por explotar y que una guerra civil era inevitable. Aun reconociendo que en España hubo atraso, en la década de los diez el país empieza a crecer y, en los veinte, ese crecimiento se acelera. Es entonces cuando se produce el golpe de Primo de Rivera, que consigue acabar con el contencioso marroquí pero que no tarda en darle forma a la dictadura a través de un régimen corporativo, organicista, católico. Lo grave es que, en ese proceso, la dictadura arrastra a la Corona, que pierde su carácter constitucional.

P. El empuje democrático, sin embargo, sobrevive y fuerza la llegada de la Segunda República.

R. Su proclamación fue una gran fiesta popular. Y se comenzó a gobernar sobre un equívoco, que todos eran republicanos, que el pueblo era republicano, y que solo quedaban al margen algunos representantes de esa vieja España que estaba condenada a desaparecer. Así que se llevó al límite el programa: Fuerzas Armadas, reforma agraria, laicismo... Los cambios no gustaron mucho ni al Ejército, ni a la Iglesia, ni a los terratenientes, y muchos pequeños propietarios recelaban de la inseguridad jurídica. La reacción se produjo en nombre de la nación española y el Ejército se convirtió en la columna vertebral del golpe de Estado de 1936.

P. ¿Qué características específicas tuvo el franquismo?

R. Por lo pronto, Franco bloqueó todas las transformaciones que se habían iniciado en la sociedad española a partir de 1910. Tras la victoria, surgieron los primeros roces entre la Falange y la Iglesia, y lo que hubo aquí no fue un régimen fascista, aunque fuera la Falange la que le dio inicialmente su carácter totalitario. Pero el relato que se impuso fue el de la Iglesia y fagocitó el discurso fascista. España se había salvado como nación católica. Hubo un jefe enviado por Dios y una cruzada con sus mártires: a partir de ahí se montó el mito de la salvación y se orquestó el culto a los caídos en la guerra para frenar la expansión masónica, comunista, liberal.

P. ¿Fue la propia dictadura la que trajo la democracia, como sostienen algunos?

R. La fórmula que se impuso en 1959 cuando el Opus Dei tomó las riendas de la economía fue la de buena administración y poca política. A López Rodó no le interesaban las libertades políticas, quería un Estado que funcionara. El impulso democrático vino de los sectores que se opusieron al régimen y, en ese proceso, fue muy importante el papel de la clase obrera, que aprendió las reglas de la democracia cuando negociaba las mejoras de los contratos de trabajo.

P. ¿Qué ha pasado ahora para que los desastres de la guerra hayan vuelto a primer plano?

R. Los nietos, que no participaron del proceso de reconciliación de la Transición, tienen el sentimiento de que aquí no se ha hecho justicia. Sus referentes son los procesos que se dieron en las transiciones de distintos países de Latinoamérica, y entienden que aquí hubo amnesia y olvido. Es un proceso muy complejo, que no se ha sabido gestionar bien. Durante los primeros años de la Transición, hacia 1977-1979, se habló mucho de las fosas, pero no existía la necesidad de recuperar a los que cayeron durante la brutal represión franquista. Los alcaldes comunistas y socialistas, que podían haberlo hecho, pensaban entonces en el futuro. No había que remover la historia, pensaban, de lo que se trataba era de construir una nueva democracia.

Hoy no es ayer. Ensayos sobre la España del siglo XX. Santos Juliá. RBA. Barcelona, 2010. 384 páginas. 25 euros.